Sentirme extranjera en mi propio pueblo

Nunca me sentí extranjera en mi propio país hasta el 10 de mayo del 2017 que fui a hacer un trámite al pueblo en el que nací, Turbo – Antioquia. Resulta que ese día fui sola, había caminado por varios lugares y decidí tomarme una selfie con la calle de El Wafe (el puerto) de fondo, para tenerlo como recuerdo, pues además de que siempre me siento feliz de visitar Turbo, de admirarlo y disfrutarlo, para esa época andaba melancólica, pues claro! ya casi me iba de Colombia hacia Nueva Zelanda y quién sabe cuando volvería.

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La selfie en cuestión

Después de tomarme la foto caminé hacia adelante y en la cuadra siguiente entré a un tradicional local (El Cariño) para comprar el regalo de día de la madre que mi hermana me encargó para nuestra mamá. Estuve ahí un buen rato y finalmente cuando compré el regalo y salí del local, vaya sorpresa! me estaba esperando un policía y me dijo: “Señorita, acompáñeme”. Me sorprendí mucho pero rápidamente pensé: “No te preocupes que no has hecho nada malo” y le dije, “claro que sí”. Crucé la calle con el policía, ya que a todo el frente de ese local estaba el comando de la policía y allí afuera nos estaban esperando varios más. Me pidieron que les mostrara mi bolso y mis documentos, yo con toda la calma del mundo les mostré todo, incluso lo que acababa de comprar y les respondí las simples preguntas que me hicieron (dónde vivía, qué estaba haciendo en Turbo, etc.); cuando vieron que yo era inofensiva, me dijo el oficial: “Discúlpenos, es que la vimos hace un rato tomando una foto en esta calle y Usted sabe…, aquí debemos tomar este tipo de precauciones”.

Debo confesar que a pesar de que sabía que no había hecho nada malo, no entendía el por qué me estaban requisando y revisando mi identidad, así que cuando supe que el motivo era la famosa foto, me volvió el alma al cuerpo. Le dije que entendía, y que tomé esa foto (se las mostré) porque nací ahí pero vivía fuera del país desde hacía muchos años y nada más quería un recuerdo. Y ahí me dijeron que me podía retirar. Después de aquella escena me reía sola, nunca me había pasado algo así, pero más tarde me puse a reflexionar sobre algo:

Estemos donde estemos debemos conocer un poco la historia del lugar y saber qué está permitido hacer y qué no.

Lo que yo olvidé en ese momento es que mi pueblo tiene una historia desgarradora de violencia, corrupción y guerra, y que lamentablemente esa historia no ha quedado atrás del todo. Y quiero aprovechar esta anécdota (al final divertida), para invitarlos a que visiten Colombia, mi región Urabá y mi pueblo Turbo, en todo mi país encontrarán gente buena, luchadora, trabajadora y a pesar de todo el drama que hemos vivido, gente MUY FELIZ. También encontrarán increíbles paisajes, playas, montañas, de las más diversas flora y fauna del mundo, muy buena gastronomía, una interesante cultura, un delicioso café, folclor y mucho mas. También quiero decirles si bien en mi país quedan rezagos de esa guerra por la que lamentablemente somos famosos en el resto del mundo, no tengan miedo! las cosas han mejorado y lo único que deben hacer es saber a qué lugares ir, preguntar a la gente local cómo y por donde moverse y tener un poco de precaución nada más, se los aseguro que quedaran enamorados y el único riesgo “es que se quieran quedar” 🙂 y LOS BUENOS SOMOS MAS.

Alguna vez les pasó algo parecido en su propio país? Deja tu comentario.

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