Cómo viajar cambió la forma de ver mi cuerpo, y aceptarlo (Invitada especial)

Escrito por Pao, creadora de @elkiwipo.blog

Cuando me preguntan por qué me gusta tanto Nueva Zelanda, siempre respondo que por sus paisajes, seguridad y calidad de vida. Pero hay una razón en particular que me hace tenerle mucho más cariño, incluso más que a mi propio país.

Soy mujer, chilena de 36 años y no tengo recuerdos de haberme sentido conforme con mi cuerpo. Suena fuerte, pero durante muchos años, si es que no toda mi vida, antes de NZ, tuve que lidiar con comentarios del tipo: “No deberías comer eso”, “si bajas de peso seguro encuentras pareja”, “eres bonita, pero te verías mejor si bajaras de peso”, y la peor de todas “las mujeres no tienen derecho a ser gordas”. 

Creo que esa última frase caló hondo en mí. La dijo un compañero de trabajo, en un tono pasivo-agresivo, durante un momento de relajo que tuvimos en la oficina. La piel se me eriza cada vez que me acuerdo de ese momento, una señal de que aún no supero bien eso. Nunca me sentí tan mal conmigo y con mi cuerpo, como esa vez. Pero tuve que disimular y sonreír como si no me afectara.

Por mi mente rondaban dos preguntas: ¿qué puedo hacer para cambiar rápidamente mi cuerpo? Y ¿por qué debería cambiar mi cuerpo para agradar al resto? Una lucha entre “quiero que me acepten” y “acéptenme tal cual soy”.

Por mucho tiempo estuve probando diferentes dietas, haciendo deporte (correr, fútbol, yoga, etc.). Todo con el único y claro objetivo de bajar de peso y sentirme parte de algo que ni siquiera tenía claro que era. Me daba por temporadas, lograba bajar de peso y la gente me felicitaba. ¿Me sentía mejor? Sí, pero solo porque recibía buenos comentarios del resto que me hacían sentir “aceptada”. Luego venía el estrés por mantener en el tiempo esa rutina, paraba y volvía la etapa de rebeldía. Y luego todo de nuevo, en un círculo vicioso.

Nunca he desarrollado TCA (Trastorno de la Conducta Alimentaria) grave, pero sí debo asumir que mi relación con la comida siempre fue diferente. Cuando comía algo que me gustaba me sentía culpable de inmediato. Si comía algo “saludable”, como una ensalada, estaba bien, pero quedaba con la sensación de que lo hacía no porque quería sino porque debía hacerlo, estaba obligada porque debía ser flaca.

Creo que es importante mencionar que siempre he estado sana físicamente, y que lo que les estoy contando ahora, lo hablé mucho tiempo con mi psicólogo. Es muy importante buscar ayuda, la salud mental es lo primero, no lo olvides.

La última vez que intenté bajar de peso lo hice con el acompañamiento médico de un centro especialista en nutrición y una amiga (a la cual quiero mucho) me ayudaba con el entrenamiento. ¿Resultó? Claro que sí, bajé cerca de 13 kilos y mucho porcentaje de grasa. Pero en uno de mis últimos controles con la doctora me dice: “aun te falta mucho para estar bien, sobre todo si quieres usar bikini debes tener muy poca o casi nada de grasa en el cuerpo”. Ósea, no bastaba con todo el esfuerzo que había hecho, seguía sin poder entrar al club del cuerpo aceptado.

Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Afortunadamente, coincidió con unas vacaciones que tenía organizadas con unos amigos y nos fuimos de viaje a Europa. Yo ya había tenido la oportunidad de viajar antes a otros lugares. Uno de los viajes que más me marcó fue cuando fui a Estados Unidos. Primera vez en mi vida que podía comprarme ropa que me gustara 100% y que me quedara bien. Y bueno, en Europa me pasó lo mismo, la maleta de vuelta llena de cosas nuevas que en mi país jamás encontraría para mi tipo de cuerpo.

En esas vacaciones lo pasamos increíble con mis amigos, recorrimos muchos lugares, probé mucha comida rica, me sentía feliz y libre. También vi muchas personas vistiendo lo que quisieran libremente, sin importar lo que opinara el resto y sin importar el tipo de cuerpo que tuvieran.

Al volver de mis vacaciones renuncié a mi trabajo, ya estaba cansada, no encajaba ahí y ya no me gustaba lo que hacía. Después de 11 años de carrera me tocaba partir. Y fue entonces que decidí venir a Nueva Zelanda.

Al principio acá fue duro, extrañaba mucho mi país, mi familia y amigos. No lograba adaptarme al cambio de horario y como era de esperar, después de unos meses, mi cuerpo empezó a resentir todo eso que emocionalmente me estaba pasando y llegó lo más temido, subí de peso. Pero esta vez fue diferente, o me lo tomé diferente.

En Nueva Zelanda, es común ver en avisos publicitarios y en programas de televisión personas con cuerpos de todas las formas, todos con el mismo protagonismo. Gente parecida a mí, entonces, ¿podía encajar? Claro que sí, estaba viviendo en un lugar donde no se me criticaba por lo que comía y no me bombardeaban con publicidad para lograr ese cuerpo perfecto aceptado.

¿Me creerían si les digo que ahora peso lo mismo que hace 5 años pero que al mirarme al espejo mi sensación es otra? Ahora me gusto y me acepto.

Entonces ahora cuando me preguntan porque me gusta tanto Nueva Zelanda, es en parte por lo que les he contado. Aquí aprendí a quererme, a aceptarme, a no castigarme porque no cumplo con las medidas de cuerpo que la sociedad requiere. Puedo disfrutar de la playa en bikini y nadie me mira raro y yo no me siento fuera de lugar.

Quizás Nueva Zelanda, en sí, no es el factor principal en mi cambio, pero de seguro parte importante de un proceso interno que ya venía gestando de hace un tiempo. No me entiendan mal, yo no tengo la verdad absoluta sobre el amor propio, pienso que es un viaje muy personal y que nunca termina. Pero lo que sí les puedo decir, es que viajar me abrió la mente y me sacó de esa burbuja tóxica en la que vivía. Ahora hago ejercicio porque quiero no porque debo y si quiero comer algo lo hago, no siento culpa. Me hizo entender que el problema no era yo o mi cuerpo, sino el resto. Y que no soy yo la que tiene que cambiar para ser aceptada, sino que la sociedad debe evolucionar y entender que todos somos igual de valiosos, sin importar la forma o el tamaño de nuestros cuerpos.

Gracias por leerme! Déjame tus comentarios y comparte con alguien que creas que le puede ser útil.

Te espero por @elkiwipo.blog

7 comentarios en “Cómo viajar cambió la forma de ver mi cuerpo, y aceptarlo (Invitada especial)

  1. Que maravillosa reflexión. Ojalá llegue a muchas mujeres que intentan “encajar” y puedan ver que el hermoso viaje que tuviste no tuvo que ver con un país, si no con aprender a valorarte y respetarte TAL CUAL ERES! Y eso resalta más aún que cualquier belleza determinada por los “cánones” que estamos acostumbrados a ver. Viví algo similar durante años y cuando me rebelé y dejé de preocuparme por contar las calorías que comía y quemaba… increíblemente bajé de peso! Si, se que el peso no es lo importante, pero mi cuerpo se relajó y comenzó a guardar sólo lo que necesitaba. Hoy me siento demasiado cómoda con mi cuerpo sin matarme haciendo ejercicio ni comiendo solo ensalada.

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